África al rojo vivo, La Granja de Especias y visita a Stonetown, Zanzíbar: aromas, colores, sabores y escenas para quedarse con la boca abierta

En este post tenemos nuevamente el placer de recibir a Silsu Rata Viajera que nos deleitará con su relato.

Historia y Ubicación

De acuerdo con Wikipedia, Tanzania, oficialmente la República Unida de Tanzania (en suajili, Jamhuri ya Muungano wa Tanzania; en inglés, United Republic of Tanzania), es un país situado en la costa este de África Central. Limita al norte con Kenia y Uganda, al oeste con Ruanda, Burundi, la República Democrática del Congo, con el cual no tiene una frontera terrestre, ya que el lago Tanganica los divide, al sur con Zambia, Malaui (con el que mantiene una reclamación territorial sobre el lago Malaui), Mozambique y al este con el océano Índico.

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Su capital es Dodoma y su ciudad más poblada es Dar es-Salam, sede de gobierno y centro del poder político del país.

El nombre del país proviene de la unión de las palabras «Tanganica» y «Zanzíbar». La actual República Unida de Tanzania nació el 26 de abril de 1964, cuando Tanganica, que había formado la colonia alemana del África Oriental Alemana y luego pasó a manos británicas al finalizar la Primera Guerra Mundial, se independizó el 9 de diciembre de 1961 y la República de Zanzíbar, la cual logró su independencia de la corona británica el 10 de diciembre de 1963, uniéndose en un solo Estado.

Nuestro alojamiento

Estuvimos alojados en el hermoso hotel Kendwa Rocks con todas las comidas incluidas, en donde luego de varios días nos dijimos «estos platos están deliciosos, tenemos que conocer al chef».

Pues bien, nos hicimos amigos de Hatem, nuestro chef, y pasamos largos ratos charlando sobre comidas, política y la vida en sí.

Y en una de esas charlas le dijimos lo fiaca que somos para salir del lugar en el que nos encontramos. Que nos cuesta un montón decidir la mejor playa y el mejor lugar para tirarnos a juntar cebo, pero luego no nos queremos mover. Nos contó que tenía un amigo Ibrahim, que manejaba un taxi y que nos podía llevar a recorrer varios lugares y estar a disposición nuestra.

Lo contactó y quedamos en hacer una visita a la granja de especias y una vueltita por Stonetown. Luego, Ibra (como nuestro chef le decía cariñosamente) nos dejaría con un guía de su confianza para recorrer la ciudad. Todo eso saldría 80 dólares para los dos (incluía un largo trayecto de ruta de unas dos horas entre ida y vuelta). Más la propina del guía de Stonetown.

Luego, quedaríamos tan encantados con Ibra que le pediríamos que nos lleve desde el hotel hasta el aeropuerto ZNZ, y aceptó hacer el traslado por 40 dólares (una hora y cuarto de viaje, y el taxi oficial salía 64 euros)

Y salimos hacia la granja de especias

Gracias al encuentro con el chef del hotel en el que nos estamos hospedando, decidimos salir de excursión con Ibrahim y entregarnos a lo que el destino nos quisiera regalar.

Amaneció muy nublado y las nubes grises y espesas anunciaban una tormenta inminente. Por eso no dolió tanto abandonar el paraíso de Kendwa. Habíamos decidido viajar en plena temporada de lluvias, era lo que había, y aceptamos el desafío.

La camioneta era amplia, cómoda, agradable. Con un frescor del aire que venía perfecto para el clima imperante.

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Al subirnos a la camioneta, Ibra nos puso al tanto del itinerario que nos esperaba: una granja de especias y luego, Stonetown, ciudad histórica – cuna de Freddy Mercury, donde musulmanes, indios y zanzibaris conviven pacíficamente.

Casi una hora de viaje nos tomó llegar a destino, mientras tanto la tierra roja, los hombres sentados a la vera del camino y las mujeres y niñas con las cabezas cubiertas no dejaban de sorprendernos.

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Casas de ladrillo y techos de chapa, muchas sin puertas ni ventanas, emplazadas en un mar de palmeras de color verde brillante son el hogar de la mayoría de los zanzibaris. Nadie se queja, es su forma de vivir, se los ve felices y se muestran amigables con los visitantes al son de hakuna matata (no te preocupes).

La Granja de Especias

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Llegamos a la granja donde Omar, nuestro guía, nos estaba esperando. Nos anunció un recorrido apasionante a lo largo del cuál descubriríamos especias conocidas y otras nuevas.

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Resultó muy didáctico ya que antes de revelar el nombre de lo que teníamos en frente nos desafió a probar hojitas, frutos y semillas para luego identificar las especias. Mientras descubríamos plantas y raíces nos llenaban de regalos de la naturaleza: coronas, anillos y corbatas hechas de juncos y flores y paraguas de hojas de palmera para resguardarnos del aguacero que no se hizo esperar.

Llegando al final de la visita, otro guía trepó a una palmera con la sola ayuda de un ocho hecho con soga para luego regalarnos el agua fresca de un coco.

Y acá, bajo la lluvia, felices como perro con 4 colas:

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Para coronar la mañana, refugiados bajo un toldo de madera y paja, disfrutamos de algunas frutas frescas: un melón muy parecido a una naranja en su interior, mini bananitas súper dulces y un anana supremo.

Antes de partir compramos especias, algunos perfumitos naturales y un par de artesanías. Total gastado, 60 dólares por varios sobres plasticos con pimientas, currys, frasquitos con extracto de vainilla (según ellos no es esencia), varillas de vainilla y algunas cositas más.

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Costo de la excursión:

  • 10 dólares por cabeza el ingreso y los dos guías
  • Propina para el muchacho del coco
  • Propina para el pelador de frutas

En resumen, lo pasamos excepcionalmente bien, con un recorrido de aromas y sabores increíbles y nos fuimos agasajados, plenos de felicidad y frutas, y con un par de paquetitos extra para casa:

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Stonetown

Luego de un rato más de camino de tierra, llegamos a Stonetown, donde otro guía autorizado contratado por Ibra, nuestro chofer, nos aguardaba.

Comenzamos por recorrer el antiguo fuerte en donde una vez hubo un tren.

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Seguimos hacia la casa donde nació el líder de Queen, en la planta baja funciona un museo en su honor y en los pisos superiores un pequeño hotel.

Cerca de allí, un gran número de tiendas ofrecen joyas con Tanzanitas, una piedra azul brillante solo encontrada en estas tierras.

Nos maravillaron las puertas de madera tallada adornadas con bronce de acuerdo al orden al que pertenecieron: árabes, indias y zanzibaris. Nos impactó saber que las de origen Indio tenían esas clásicas aplicaciones metálicas para evitar que los elefantes entren derribándolas.

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Las calles, cual laberintos, nos mostraban escenas de la vida diaria: hombres discutiendo de política y economía frente a una televisión resguardada por una chapa y candado que deleita a la multitud cada vez que se juega un partido de fútbol, artistas pintando sus cuadros con temáticas puramente africanas, artesanos tejiendo paja para hacer sombreros y marcos de espejos.

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Subimos a la terraza de un hotel (casa suajili) al que llaman Kilimanjaro por ser el más alto de la ciudad. Nos regaló una vista muy pintoresca de la ciudad con tus techos de chapa, pocas iglesias y numerosas mezquitas y amplio puerto.

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El mercado que funciona todos los días de 6 a 12 es un espectáculo en sí mismo. Atiborrado de gente tanto adentro como afuera, fascina por las escenas que muestra: sobre los mármoles fríos de la sección de los pescados, se pueden ver bateas con calamares, cangrejos y pulpos y pescadores, cuchillo en mano, trozando pescados sin demasiada precisión ni prolijidad. La carne también se puede encontrar cortada sobre charcos de sangre sin refrigeración ni limpieza alguna. Las secciones de verdura y especias, dan un poco más de tranquilidad al visitante novato.

Luego de un par de horas de una hermosa recorrida guiada, entregamos 10 dólares por cabeza de propina, y en un par de minutos pasó nuestro chofer Ibra a recogernos.

Ni bien subimos a la camioneta nos pusimos a tomar mate con agua que todavía se mantenía caliente, yerba argentina y un poco de café molido zanzibarí. Un manjar.

Conclusión

Un día para enmarcar, pleno de recuerdos, alegrías, risas, colores, aromas y sabores. No lo olvidaremos.

Acá abajo, con el genio de Ibra, quién nos condujo con sabia mano por los caminos de la isla con las playas más bellas del planeta.

Si quieren contactarlo, +255 621 173 422

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